lunes, 3 de junio de 2013

LANZAMIENTO DE "CHICOS DE CASA SIN PISCINA" (Novela) DE MARCOS BUSTOS JAIME Y "AS DE CORAZONES" (Cuentos) DE PAÚL MIÑO ARMIJOS


AMIGOS Y AMIGAS ESCRITORES LES INVITAMOS AL LANZAMIENTO DE 2 LIBROS ESPECTACULARES PRODUCIDOS POR LA.KBZUHELA A TRAVÉS DE DRUGOS DE LA NARANJA EDITORIAL: "CHICOS DE CASA SIN PISCINA" (Novela) DE MARCOS BUSTOS JAIME Y "AS DE CORAZONES" (Cuentos) DE PAÚL MIÑO ARMIJOS; ESTE 06 DE JUNIO DE  2013 A LAS 19H00 EN EL TEATRO PROMETEO DE LA CCE. HABRÁ MÚSICA , TEATRO Y MÁS


CHICOS DE CASA SIN PISCINA Y AS DE CORAZONES


CHICOS DE CASA SIN PISCINA-MARCO BUSTOS JAIME



“QUE FEO QUE ME VEO WEEKEND”

CAPITULO XIX
(FRAGMENTO)

 BY MARCO BUSTOS JAIME
  
Despierto, son como las 10 de la mañana, no he cerrado muy bien las persianas y la luz solar entra muy fuerte dejándome casi ciego. Me reprendo, por permitir que eso suceda.
Voy al cuarto de baño. Frente al espejo, mientras orino en el retrete, veo que no tengo para nada buen aspecto, mis ojos están un poco hinchados y tengo una nueva espinilla en la frente.
Voy a la cocina, no encuentro qué desayunar, al menos algo que me guste. En las alacenas no hay casi nada, cosa que me desagrada, tomo sólo un café con pan. A mi pesar no hay ni crema para agregarle.
Regreso al baño, lavo mi cara, termino y parece que no lo hubiera hecho. Tomo un baño, en agua caliente, tanto que el vapor llena todo el cuarto con una espesa niebla, salgo de la ducha, me dirijo a mi habitación.
No sé qué vestir, compruebo que en el cajón no está ninguno de los bóxer que me gustan, debo usar uno deslucido. Alcanzo la bolsa de ropa que compré ayer, tomo el pantalón, le saco las etiquetas, me lo pongo. Apenas lo ajusto y doy la primera vista al espejo tengo una depresión post compra, no sé por qué motivo, pero odio el maldito pantalón, paso unos cinco minutos frente al espejo y sin decirme nada tomo una camiseta y me la pongo, otra vez la imagen que el espejo me devuelve es poco satisfactoria.
Camiseta a rayas igual resultado, azul lo mismo, con estampado, en colores claros, lo mismo, pasan unos quince minutos más y nada, peor aún, pruebo la chaqueta que compré junto con el pantalón pero igual: sólo insatisfacción. Tomo el teléfono y escribo a Sebastián:
 Andrés: Hola tngo 1 depresion post compra
 Sebastián: Q t pasó? cuentame
 Andrés: El pantalon que compre lo odio
Después de tres mensajes más Sebastián me dice que no podemos ir a cambiar la ropa hoy, pues en menos de una hora está por tener sexo con alguien y después de eso pasará la tarde con otro tipo con el que podría coger también. ¡Mierda! Eso me pasa por hacer una sola cuenta, si no, hoy mismo lo iría a cambiar.
Frente al espejo de nuevo sigo intentando convencerme inútilmente que me queda bien. No sé cómo hice ayer para pensar que esto me gustaba. Busco más ropa, la mayor parte que me gusta está sucia. Me toca ponerme lo que está limpio, por consiguiente la mayoría es ropa que no combina entre sí.
Me pruebo casi todo y no encuentro algo que me deje contento. La insatisfacción es tal que tengo unas intensas ganas de masturbarme.
Entro al baño. Con la intención de alcanzar un orgasmo empiezo a jalármela. Nada. Pierdo la erección cada vez que me pongo a pensar en qué vestir. Me concentro aun más, luego de unos quince minutos de estar frotándomela estoy cerca de llegar al clímax, pero vuelvo a perder la erección cuando observo lo feo que es mi bóxer. Es muy frustrante, me siento en el suelo con ganas de gritar, pero me contengo.
Salgo del baño, mi tormento crece cuando veo
un montón de ropa desordenada sobre la cama y la alfombra. Recuerdo las palabras de mis padres que me critican por gastar casi todo el sueldo en ropa y no en algo que valga la pena, como las salidas de la U.
Para sacarme esa mierda de la cabeza pienso en que los viajes de la U son responsabilidad de ellos y no mía. ¿Es responsabilidad de ellos la educación de sus hijos o no? Esto me desalienta más, pues confirma lo que dicen ellos: soy egoísta. Pero qué más da, uno con la única persona que puede contar, es consigo mismo.
Ha pasado ya más de una hora desde que desperté, pongo música a ver si eso me saca del abatimiento. No funciona. Nada bueno en la televisión.
Suena el timbre, pienso que son mis padres, abro. Tras la puerta la vendedora del diario. No sé por qué hoy ha venido tan tarde, son como las 11:00 am. Frente a mi casa se abre la puerta de los vecinos y sale el hijo mayor, Pedro, el man que me gusta y me saluda:

–¿Qué tal Andrés?




“UNA SECUENCIA DE 24 EVENTOS DESAFORTUNADOS”

CAPITULO XXIII
(FRAGMENTO)

 BY MARCO BUSTOS JAIME


De alguna manera se puede considerar a Quito como una ciudad en eterna construcción. En mi trayecto a casa de Sebas, el bus me deja varias cuadras más allá de mi destino porque hay un desvío por repavimentación.
Ya en el edificio donde vive, por enésima vez el maldito portero vuelve a preguntarme a dónde voy. ¿No le es suficiente con verme casi todos los días? Siempre el muy hijo de puta, me trata como si fuera un total extraño.
Tomo el ascensor que me lleva hasta el sexto piso, salgo y toco la puerta.

–¡Hola Andrés! ¿Qué tal? Pensé que no venías. Te has demorado tanto. Iba a enviarte un mensaje –me dice Sebastián, que está descalzo, con ropa deportiva y con una copa de vino tinto en la mano.
–Sí. Bien. ¿Y tú? –le digo entrando a su departamento.
–Aquí hermano, bastante desconcertado –dice con pesadez.
–¿Si? ¿Por qué?
–¿Vino? –me pregunta.
–Por favor.

Busca en las alacenas una copa, la llena con el rojo líquido de un Concha & Toro Cabernet Suavignon y me la pasa por sobre la barra.

–¿Recuerdas el otro día que estuvimos en la juguetería? –pregunta.
–¡Sí, claro! –le digo mientras tomo asiento en la fabulosa silla Barcelona por Mies van der Rohe y deslizo la mano sobre el terso cuero negro de la tapicería. Hasta ahora no creo que pude persuadirlo de pagar 550 dólares por esta sublime silla.
–¿Y recuerdas que mientras veíamos las barbies, vimos la Barbie abuela de la colección de Barbie Family?
–Sí también recuerdo eso –respondo sin mayor interés dando un sorbo al vino.
–¿Y recuerdas que mientras la veíamos pensábamos que sería fantástico comprarla y ponerle ropa espectacular para que luciera regia?
–¡Sí, por supuesto! Me parecía fantástica idea.
–¡Pues la compré hoy en la mañana! –exclama mientras se dirige a su habitación.
–¡Maravilloso! –respondo entusiasmado.
–¡Pues no es tan maravilloso! –me dice a manera de reclamo, a la vez que sale con la susodicha muñeca entre manos– ¿La ves?
–¡Oh por dios!
La Barbie abuela viste un mal puesto vestido súper corto, negro y una boa en torno al cuello.
–Sí. ¡Oh por dios! ¡Parece una… simple… vieja… ridícula! –dice Sebastián con asco.
–Pero… el vestido está mal puesto.
–¡No le cierra! ¡Está gorda!  –se queja y me muestra la espalda de la muñeca.
–Pues… ¡Pruébale otro! –le digo tomando la muñeca de sus manos, de regreso a su habitación.
–¡Ya  lo  hice y todo le queda igual! –me  dice
mientras atravieso el cuarto entre ropa sucia, revistas, Dvd’s piratas, monedas, preservativos y alcanzo su closet. Extraigo otras muñecas de su colección, le pruebo otra ropa y ninguna le cierra por la espalda, mientras sostengo a la barbie desnuda en mis manos, pienso que esto no debería ser así, debería ser fabuloso y no… preocupante.
Termino de vestirla como pensé debía quedar bien, pero sólo confirmo que es una muñeca a la que nada le queda bien salvo su aburrida ropa de cincuentona con la que viene, pues con la de otras, en vez de una sexy señora mayor, obtengo una fea puta retirada a la que se le ha ido todo su encanto de antaño. Al fin y al cabo, una vieja.

–Ok tienes razón. ¡No queda nada por hacer! –digo en voz alta sin ocultar mi desencanto.

Luego de esto salgo de la habitación, tomo asiento en uno de los cojines que descansa sobre la alfombra, frente a la Barcelona que ocupa Sebastián.

–¿Y qué fue, hoy farreamos? –pregunta.
–¡Eso seguro! –contesto entusiasmado aunque realmente no quiero hacer nada.

Nuestra   conversación   va   desde  cómo estamos en nuestras respectivas universidades, hasta con quién se acostó ayer.
De pronto Sex and the City Theme suena, mientras me muevo para alcanzar el celular en el bolsillo izquierdo de mi pantalón, derramo un poco de vino sobre mi camiseta, cosa que me pone histérico. Saco el maldito celular y contesto:

–Hola.
–Qué tal Andrés ¿Hoy alucinamos? –me dice una voz que no esperaba, pero que sin duda me agrada escuchar.
–¡Hola qué tal! A los años –respondo intentando no sonar demasiado entusiasmado. Me gustaría llamarlo por su nombre verdadero pero nunca me lo ha dicho– ¡Por supuesto que sí! ¡Hoy alucinamos!
–Entonces… ¿Te paso viendo en el mismo lugar de siempre? –pregunta.
–Sí, creo que ahí está bien. Sólo dime a qué hora.

Pienso que esto definitivamente se pone bueno.

–¿Te parece bien a las 6:30?
–¡Seguro que sí!
–¡Entonces confirmado!
–¡Seguro que sí! –repito estúpidamente.
–Entonces nos vemos ahí. Chao –termina y cuelga.

Me quedo con el teléfono sobre el oído, por unos segundos.

–¿Y ese rostro de “felicidad instantánea”?      –pregunta Sebastián y me saca del sopor–. ¿Hoy tienes tire?
–¡No es un tire! –respondo molesto.
–¿Entonces qué, un mega tire?
–¡Oye! ¿Con quién crees que hablas? ¿Acaso no te das cuenta que no estás frente a un espejo?
–¡Tranquilo! ¿Acaso no te das cuenta que es sólo una broma? ¡Estás tan sensible! –concluye.

Como media hora después dejo a Sebastián luego de acordar con él y, vía telefónica con Alex, que los alcanzo en Black Out, el lugar que se nos ha hecho costumbre. Voy rumbo a mi casa para cambiarme la camiseta sucia, hace algo de calor y me jode porque no puedo sacarme el buzo.
Seis y treinta en punto. Algo que casi nunca hago, estoy en el lugar acordado a la hora justa. Visto, para mi criterio, estupendo… al menos así me siento. Han pasado ya unos treinta minutos, aunque estupendo ahora también siento frío y sigo esperando mientras doy algunos pasos para calentarme, afortunadamente es verano y no llueve. Autos pasan, peatones pasan, aunque cada vez menos, estoy así durante otros diez minutos, tal vez menos, pero se me hacen eternos.
Por fin un vehículo se apea, es la tercera vez que cambia de auto desde que lo conozco, ahora es un Ford Focus negro, está muy bien, la ventanilla se abre, me aproximo.
 ¡Hola! ¿Quieres subir? –me dice desde el asiento del conductor un hombre no simpático de unos cincuenta y cinco años, con voz de añejo seductor.

–Eh… Oh… Disculpe se equivoca –atino a responder.
–Es que como estoy pasando varias veces y sigues ahí parado. Eh… por qué no subes, allí hace frío. No seas tímido –insiste.
–No gracias señor –respondo de la manera más cortante. Me alejo del auto.

La ventanilla vuelve a cerrarse, el automóvil se marcha. Poco después llega el Toyota Corolla al que estoy acostumbrado, el auto se orilla y abre la puerta. Entro y tomo asiento.

–Hola, por favor discúlpame, la reunión en la que estaba parecía nunca terminar. Hasta pensé en llamarte para cancelar –intenta explicarme con pesar.
–Pero bueno… no pasó –le digo y le doy una sonrisa.
Lo malo es que aún no estoy seguro de su nombre. Me digo mientras, observo lo bien que se ve con traje.
–Bueno y… ¿A dónde vamos?
–Eso sólo tú sabes –respondo–, tú eres quien tiene el volante por las manos –ríe.
–Bueno, si te resistes a decir dónde ir, demos unas vueltas. Cuéntame qué ha sido de ti estos… ¿cinco meses?
–Sí algo así… creo que son más –respondo.
–Es increíble, nos vemos sólo unas tres veces al año.
–Te juro que no es porque yo lo quiera.
–Ni yo… realmente me gustaría poder encontrarnos más a menudo –se disculpa.

Le cuento que no podré quedarme hasta muy tarde pues me esperan en una discoteca y sería malo si llego más allá de las 11, cosa que comprende inmediatamente.
Luego de unos minutos, a mi derecha, se elevan uno a uno rumbo al norte, los edificios de frente al parque. En la Avenida Los Shyris, el auto se detiene junto a la puerta de una despensa en la que compramos, dos botellas de energizante  con  vodka V-10, una botella de Gatorade Lemon Ice y una barra de Snickers.
Después parqueamos en el centro de la amplísima avenida, que de momento parece un Auto-Bar, pues a ambos lados hay una hilera de coches con las portezuelas abiertas, con música a todo volumen y rodeados de jóvenes con sendas bebidas en las manos. La mayoría por supuesto, son bebidas alcohólicas.
Conversamos. Hacemos mutuamente un resumen de lo que ha sido nuestras vidas estos meses. Le cuento que estoy a punto de graduarme. Él me dice que estuvo de viaje por Panamá y hace una semana en Bogotá.

–¡Por fin pude ver Criaturas Celestiales         –anuncia.
–¿Qué tal te pareció?
–¡Excelente! A pesar de tener un final demasiado violento, éste le da un contraste brutal y hermoso.
Luego de esto compramos un V-10 más, otro Gatorade y otro Snickers. Decidimos que es mejor salir de la fila antes que llegue la policía a joder. Entonces como siempre, damos varias vueltas sin rumbo y charlamos de economía (de qué más podría ser, si comparto el auto con un hermoso hombre de 29 años que trabaja como consultor del Banco Mundial, a más de ser conferencista universitario).



MARCO BUSTOS JAIME
(Quito-1984)



Realizó sus estudios superiores en la Universidad Central de Quito. Desde el 2005 es parte de los Talleres Literarios de la Casa de la Cultura Ecuatoriana y del Grupo ecuatoriano de Creación Literaria La.Kbzuhela.  Consta en varias antologías nacionales entre ellas la antología narrativa: “Luz Lateral” publicación de la Casa de la Cultura Ecuatoriana. Ha participado en varios encuentros literarios a nivel nacional. Actualmente se encuentra preparando su segunda novela.



AS DE CORAZONES-PAÚL MIÑO ARMIJOS








EN LA VENTANA
BY PAÚL MIÑO ARMIJOS

Lo vi pasar desde mi ventana. Iba por la acera de enfrente: cabeza gacha, barba a medio crecer, ojos blandos, mirada perdida en el cemento, manos en los bolsillos, despeinado.

No parecía tan mugriento como los otros, pero la oscuridad y el hermetismo de su cara lo hacían verse más desdichado.

“¿Quién será?” Me preguntaba desde mi ventana solitaria.

Su paso lento y callado, sus hombros caídos y endebles como papel higiénico mojado, sus rizos negros enredados, su frente brillando por el sudor graso que le provocaba el calor, su saco de lana sin lavar, sus zapatillas rotas y opacas por culpa del tiempo, el sol y la suciedad…


Caminaba suavemente, sin escuchar ni sentir ni mirar. Su cabeza era un poco más grande de lo normal y pendía del frágil hilo de su cuello, balanceándose de un lado a otro con cada paso.


El espectáculo de su imagen me provocó una fuerte repulsión –si hubiese estado afuera, me habría cambiado de acera para no encontrármelo–, pero al mismo tiempo sentí mucha lástima y compasión por él. Como la sensación que tengo cuando mi madre les echa sal a las babosas: me da asco y repugnancia verlas retorcerse y estallar en el suelo, pero al mismo tiempo quisiera ayudarlas a escapar o a morir para que no sufran tanto.


Cuando ya estaba a punto de perderlo de vista, pareció reaccionar a la intensidad de mi mirada, como si la energía de mis pensamientos se transmitiese a través de mis ojos para llegar hasta él en forma de llamada.


Fue una respuesta casi imperceptible, apenas si volteó la cabeza por encima del hombro queriendo encontrarme, pero sin llegar a hacerlo, volvió a su posición original y se perdió doblando la esquina.

–¡Gabriela!
–¿Si mami?
–¡A comer!
–¡Ya voy!

Quizás nunca lo vuelva a ver, pero si lo encuentro nuevamente… me enamoraré de él.



SIEMPRE LINDA
 BY PAÚL MIÑO ARMIJOS


Tan linda, tan delicada. Cierra su cuaderno de colegio con todo cuidado para que el forro plástico no salga de su lugar.

Ahí sentada, frente a la mesa de cualquier biblioteca, parece como si no tocara las cosas, como si únicamente hiciera leves ademanes de moverlas y ellas se moviesen solas.

En medio de una sinfonía de ágiles y delicados gestos, el tiempo se escurre y se contorsiona, dejándose manipular por ella, la que ahora se ha convertido en el centro directriz del universo, en el péndulo de Foucault.

Su rostro pálido, bordeado por unos rizos a cada lado, sobresale de su calentador azul marino, al igual que sus mágicas manos blancas.
Guarda cada cosa en su lugar: el cuaderno y el libro en el compartimiento más grande de la mochila, los esferos en el bolsillo derecho, el borrador y la tinta correctora en el izquierdo, y la regla en una cavidad diseñada –aparentemente– sólo para esos objetos de treinta centímetros propiamente escolares.

Es gracioso ver cómo las fábricas tienen el estereotipo de los estudiantes. Hacen todos los bolsillos, compartimientos y hendiduras, de acuerdo al tamaño exacto de las cosas –las cuales también se crean estandarizadas– de manera que estas construcciones terminan siendo perfectos ‘moldes’, que tal vez no sólo horman los objetos.

Muchos dirán que eso se hace por economía y comodidad, y quizás tengan razón, al fin y al cabo, eso es lo que menos le importa a la muchacha frente a mí. Ni siquiera el hombre que gruñe arrugando el periódico en la mesa contigua llama la su atención.

Sin alterar su erguida postura ni la serenidad de su rostro, toma la mochila que está en la silla adjunta y la pone sobre la mesa, luego se levanta y cogiendo cuidadosamente cada silla –apenas alzándola del piso– las coloca bajo la mesa, con el espaldar no tan pegado para que otros puedan sacarlas de la misma forma; siempre intentando no hacer ruido ni molestar a la bibliotecaria –dos cosas casi imposibles en este lugar.

Luego pone un pie adelante y se inclina lo suficiente para tomar su ‘molde’, lo agarra por una de las jaladeras y, una por una, las acomoda delicadamente sobre sus hombros. Sólo entonces se decide a salir con pasitos cortos y ligeros, silenciados por un par de zapatillas cruelmente blancas.

Al final del salón, donde nadie la toma en cuenta –o donde ella cree que ya no la ven–, detiene su paso, se estira la camiseta, se sube el cierre del saco y acomoda su ropa interior que se había metido entre sus nalgas por estar tanto tiempo sentada.

Desde la ventana que da a la calle se ve su figura acercándose a la puerta del colegio, siempre erguida, siempre seria… siempre linda.


 PAÚL MIÑO ARMIJOS
(Quito-1984)



Comunicador por la Universidad Politécnica Salesiana, de la cual también es docente. Estudió Comunicación en la Universidad Andina Simón Bolívar y desde el 2005 hace parte de los Talleres Literarios de la Casa de la Cultura Ecuatoriana y del grupo La.Kbzuhela, en el marco de los cuales realizó una investigación acerca del cuento fantástico en el Ecuador, cuyo producto más representativo es la Primera Antología del Cuento Fantástico Ecuatoriano, de próxima publicación.

Sus cuentos han aparecido en antologías y revistas ecuatorianas como Luz Lateral y La Casa. As de Corazones es una ampliación de su primer libro Cuentos Involuntarios (2008) y actualmente se encuentra preparando la tercera compilación de cuentos “Instrucciones para Viajar”, en homenaje a los 50 años de Julio Cortázar y sus Historias de cronopios y de famas.


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